Mientras se reactiva todo, Houston es paraíso para quienes buscan la vaccine. Ligerito, dos o tres días nomás. De paso un buen restaurant, un minishopping, visita a Wallgreens o CVS y, de pilón, tarjetazo en el duty free. Fin del viaje. Nos vemos en 21 días.

Por supuesto, el encierro por la pandemia genera desesperación, ansiedad, casi demencia. Ha vuelto extraordinario lo que antes despreciábamos y, a la primera oportunidad, no queremos desaprovechar. Es el caso de los eventos sociales. Importantes o no, de etiqueta o de bermuda, de yate o de cayuco, ya hacen falta. Somos socialitos por naturaleza.

Y hoy esa sal de la vida está prohibida, acotada, restringida, limitada en todo, hasta en tiempo, sin dar oportunidad a la lucha “…de dos a tres caídas…”. Jóvenes y adultos, abuelos y niños; hombres y mujeres; con o sin… Las reuniones escasean por todos los motivos.

El debate no es quién es el responsable. El punto central es si estamos dispuestos a arriesgarnos a contraer este covid que no deja de sorprender. ¿No pasa nada? Bueno, que lo averigüen otros y nos lo cuenten.

Paciencia. Seamos pacientes. Dicen por ahí que el vicio más hermoso es el de las ganas de vivir.

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